Microcréditos en Perú (Spanish)
By Rafael Cores | November 23, 2009 | Peru
Sheethal vive con su marido en Nueva York, donde tiene su propia empresa de marketing. Antes estudió su carrera y su maestría en la Universidad de Columbia, así que debe gustarle la Gran Manzana. Pero esta pequeña estadounidense de origen indio lleva ya más de dos meses viviendo en Cusco, trabajando duro a más de tres mil metros de altura y sin cobrar un sol -aunque dice que está gastando muy poco-.
Sheethal ha hecho un paréntesis de seis meses en su vida para trabajar como voluntaria con Kiva.org, una organización sin ánimo de lucro que gestiona microcréditos a través de un sitio web. En Cusco, Kiva trabaja con una organización local, Asociación Arariwa, cuyos tentáculos son los que finalmente llegan hasta los pueblos andinos donde un artesano necesita $300 para comprar herramienta o la vendedora callejera un nuevo carrito para sus tamales.
Lo curioso es que tú puedes prestarle $50 a esa vendedora si quieres. Y no es una limosna ni una contribución a fondo perdido, si no un crédito, así que casi seguro te devolverán el dinero. Eso sí, no te devolverán más de lo que prestaste, de ahí el componente de ayuda social de Kiva.
Los microcréditos están ayudando a mucha gente en Perú, uno de los países de América Latina donde mejor están funcionando. Para prestar el dinero, las asociaciones generalmente exigen que se forme un grupo de más de diez familiares, vecinos o amigos, en el que todos necesiten una cantidad no muy grande -pero que en conjunto puede suponer dos o tres mil dólares-, y en el que unos respondan por otros. El dinero hay que devolverlo en pagos mensuales y el préstamo suele terminar a los seis meses.
El hecho de que la suerte de todos dependa de la responsabilidad de cada uno hace que la tasa de impagos en los microcréditos sea muy baja, más baja incluso que la de los créditos tradicionales, porque es más fácil dejar de pagar cuando sólo le afecta a uno y a un banco, que cuando eso afecta a tus amigos y a tu familia.
Si el grupo es reponsable y cumple con los plazos, puede pedir más dinero para otros proyectos. El sistema es gradual. Aunque Kiva gestiona los préstamos sin llevarse ningún interés, quien recibe el dinero sí tiene devolver más de lo prestado, alrededor del 3% mensual. Esa cantidad paga los gastos de Arariwa, cuyos trabajadores -gente local- sí tienen sueldo.
¿Y qué hace Sheethal? Ella, como otros voluntarios, son el eslabón entre la ONG y la gente local que recibe el beneficio de los microcréditos. Se aseguran de que el dinero llega, entrevistan a quienes solicitan los préstamos y describen sus proyectos en el sitio web de Kiva para que gente como tú sepa a quién y para qué está prestando esos $50.
(Rafael Cores is with Univision.com and is in Peru on an IRP Gatekeeper Editors trip organized by the International Reporting Project.)
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