Madre de Dios (Spanish)

By Rafael Cores | November 19, 2009 | Peru

La carretera interoceánica a la altura de Puerto Maldonado, donde falta por construir el puente que cruza el río Madre de Dios.

Madre de Dios es el tercer departamento más grande de Perú, pero sólo viven en él poco más de cien mil personas. Aunque el Amazonas no pasa por él, sus ríos sí desembocan en la cuenca más caudalosa del mundo, así que Madre de Dios es pura Amazonía.

De hecho, algunos consideran esta región la más remota de Perú y aloja a algunos de los pocos grupos indígenas \"no contactados\" que viven totalmente aislados de la civilización occidental. No es que estas tribus no hayan visto jamás al resto de los humanos. Saben que hay otra gente que vive de forma totalmente distinta, pero simplemente han decidido seguir con su modo de vida nómada en la selva.

Pero esta región tan remota y deshabitada es un día sí y otro no portada en los principales del país. ¿Por qué? Madre de Dios tiene una maldición que la pone en peligro: debajo de su inmensa biodiversidad animal y vegetal se encuentra un subsuelo rico en oro, petróleo y gas.

La minería informal del oro en el departamento está arrasando con grandes zonas de selva. Para hacerse con el polvo de oro, los mineros talan los árboles, traen sus caterpillars y remueven los primeros metros de superficie de tierra, de los que luego extraen el polvo de oro \"lavando\" en agua y mercurio esas arcillas. En los ríos también se busca el precioso metal, dragando los lodos, pasándolo por unas alfombras que los filtran y otra vez aplicando mercurio -al que se pega el oro-, que luego se quema con un soplete para separarlo del oro. Es decir: se deforestan los bosques y se contaminan las aguas con el tóxico mercurio.

El otro problema de Madre de Dios es que, si bien buena parte de su territorio la ocupan tres grandes reservas naturales protegidas, también es cierto que el Gobierno peruano ha dividido el territorio -incluyendo zonas de las reservas- en \"bloques\" de concesiones de gas y petróleo. Según el ministro de Medio Ambiente, las explotaciones de hidrocarburos no deforestan ni contaminan tanto, pero de todos modos crean conflictos sociales con los indígenas que llevan cientos de años en esas tierras y ahora ven llegar a prospectores petrolíferos para llevarse los tesoros de un subsuelo que, en Perú, según la constitución pertenecen al Estado, no al propietario de la tierra.

Y a todo se añade ahora que están construyendo una carretera interoceánica, del Atlántico al Pacífico, pagada sobre todo por los brasileños, y que es un arma de doble filo: puede traer más ecoturistas y desarrollo positivo a la región, pero también hacer más rentable talar árboles en zonas cercanas a la carretera o poner granjas y monocultivos donde ahora es selva.

(Rafael Cores is with Univision.com and is in Peru on an IRP Gatekeeper Editors trip organized by the International Reporting Project.)

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