Radio y móvil, armas campesinas

En Tanzania, país de bajos ingresos, el 80% de sus 48 millones de habitantes son campesinos. El programa Farm Radio International, que colabora con más de 400 estaciones en 38 países africanos, proporciona información sobre técnicas de cultivo, acceso a mercados y nutrición.

Tanzania 2013

By Almudena Toral

February 06, 2014

Also published by El País

Hace siete años en su casa de Nambala, un pueblo chiquito al norte de Tanzania, Mariam Ally, 50 años, rostro redondo y lozano, labios como gajos de naranja, pensó que se moría. Su marido acababa de fallecer de sida y ella enfermó del estómago durante cinco meses, medio más de los que debía velarle. Con el dolor de la pérdida y el dolor de tripa vinieron verdades como losas: tenía que ganarse la vida, alimentar a sus hijos (tres, tuvieron que dejar los estudios), comer.

Foto: Campesinos tanzanos interactúan con el móvil en un programa de radio agrícola. Este les proporciona la información necesaria sobre precios y el beneficio que podrán obtener por sus cosechas, algo que de lo contrario no conocerían hasta ir al mercado a venderlas, en ocasiones a decenas de kilómetros de su lugar de trabajo.

Algunos de los vecinos que la cuidaron en ese trance están hoy con ella formando un círculo en la parcela de un vecino, Zadock Kitomari. Media docena de cabras rumia con brío mientras Zadock le da cuerda a una radio del tamaño de un ladrillo. Son unos 12 y se han juntado a escuchar un programa. La música con la que empieza es tropical y pegadiza. ¿El tema de hoy? Cultivar vegetales.

“Tengo que cultivar maíz porque es lo que comemos. Ahora también cultivo berenjena africana y pepino”, dice Mariam después de la retransmisión, que suele suceder todos los viernes a las seis de la tarde. El programa de Radio 5 Arusha, la radio local, está financiado por una ONG canadiense llamada Farm Radio International, que colabora con más de 400 estaciones en 38 países africanos para proporcionar información regional y local sobre nuevas técnicas de cultivo, acceso a mercados y nutrición.

En Tanzania, un país de bajos ingresos en el que el 80% de sus casi 48 millones de habitantes son campesinos, este tipo de programas no son nuevos. “Escucho Radio 5, la TBC [Tanzanian Broadcasting Corporation]…”, dice Mariam. El 40% de la programación de la emisora de radio y televisión nacional es para agricultores. Lleva haciendo programas para ellos desde hace más de cinco décadas. La radio es una carretera allá donde éstas no existen, uno de los medios más eficaces de difusión de información: la gran mayoría de tanzanos tienen acceso a uno de estos aparatos.

Foto: La comunidad rural de Nambala, en el norte de Tanzania, charla tras escuchar una de las emisiones sobre agricultura. El 40% de la programación de la TBC [Tanzanian Broadcasting Corporation], la cadena de radio y televisión de Tanzania, es para campesinos. Lleva haciendo programas para ellos desde hace más de cinco décadas.

Tanzania es una tierra rica dentro de un continente rico. En paisajes, climas y oportunidad. “África no es una opción, es una obligación si queremos alimentar al mundo”, pregonaba en una reunión con periodistas Geoffrey Kirenga, el consejero delegado de Southern Agricultural Growth Corridor de Tanzania (SAGCOT), una colaboración de agencias agrícolas que intenta mejorar la seguridad alimentaria del país. Vivimos en un mundo en el que se produce a nivel global más comida que nunca, suficiente para todos, y a pesar de ello las filas de los hambrientos siguen en alza. En Tanzania, el 40% vive en zonas con déficit de alimentos.

“Ningún país del mundo ha conseguido un nivel decente de desarrollo económico sin antes abordar su agricultura. Es la historia de los Estados Unidos, de Europa”, afirmaba en la embajada de EE UU Tom Hobgood, jefe del equipo de Agricultura y Seguridad Alimentaria en la agencia de desarrollo USAID. A pesar de la promesa gubernamental de Kilimo Kwanza, que significa agricultura primero, para incrementar la producción agrícola y salir de la pobreza antes de 2025, los problemas de infraestructura en Tanzania abundan, la adopción de tecnologías es lenta y la productividad agrícola continúa siendo baja.

Foto: Una mujer en la parcela de Zadock Kitomari. Allí se reúnen los vecinos para escuchar el espacio de Radio 5 Arusha, la radio local, financiado por una ONG canadiense llamada Farm Radio International. Hoy hablan de nuevas técnicas de cultivo, acceso a mercados y nutrición.

Para campesinos como Mariam, un problema grande que dicta cuánto podrá comer su familia es no saber por adelantado a qué precio venderá sus cultivos. “Por ejemplo vas al mercado hoy a ver el precio”, explica Mariam, “pero mañana, cuando cosechas y lo llevas, ha bajado”. A veces llama por teléfono a algún amigo que viva cerca del punto de venta, pero en lo que tarda en llegar allí con su cargamento los precios han cambiado. La experiencia de Onesmo Sumari, un campesino de 39 años que vive en Njoro, otro pueblo al norte del país, es parecida con sus cultivos de pepino, berenjena, tomate y banana. Otros agricultores que viven todavía más lejos de los mercados en zonas muy rurales tienen que depender de un intermediario para vender sus productos en la capital, y éste se lleva una buena parte de los beneficios. También puede timarles argumentando que los precios van a ser más altos de en lo que en realidad son.

El modelo de radio apoyado por Farm Radio International hace de la interactividad un componente clave de su éxito en la batalla de proporcionar información a campesinos. A través de un sistema basado en llamadas perdidas y mensajes a través de sus teléfonos móviles, los agricultores están invitados a participar durante los programas y expresar sus opiniones. Mariam dice que disfruta la reunión semanal ogrupo de escucha: “Es un buen método para aprender, y puedo hacer preguntas”. Hablan de precios además de técnicas de cultivo, pero al ser un programa semanal no es suficiente para la información diaria.

Foto: El tanzano Onesmo Sumari y su hija Bright. A Sumari le gusta estar informado sobre los precios de los productos agrícolas. “La TBC tiene una lista de precios para patata, maíz, arroz y judías”, dice. Es su referencia.

Onesmo escucha más la TBC que Radio 5. “La TBC tiene una lista de precios para patata, maíz, arroz y judías”, dice mientras su hija Bright, de tres años, revolotea a su alrededor haciendo carantoñas. Él, desde hace año y medio, cultiva principalmente pepinos. Dice que pagaría gustosamente por usar servicios que le proporcionaran información válida y oportuna.

A cientos de kilómetros de Njoro y Nambala, en la intersección de dos de las calles principales de la costera Dar Es Salaam, la ciudad más grande de Tanzania, dos hombres trajeados se plantean este mismo problema. Uno es un campesino con una granja de melones que estudió informática. El otro, un hombre de negocios con experiencia en diseño gráfico y marketing. Hay aire acondicionado, wifi y un par de docenas de miradas enfrascadas en las pantallas de sus ordenadores. Acaba de terminar un taller de ilustración.

“No tenemos por qué ir al extranjero a buscar soluciones, podemos usar la energía de la juventud tanzana para cambiar la sociedad. La idea era: construyamos plataformas tecnológicas para resolver nuestros propios problemas”, explica con entusiasmo JohnPaul Barretto, tanzano co-fundador de KINU, este centro de innovación tecnológica. Es un espacio gratuito en el que desarrolladores, informáticos y apasionados de la tecnología pueden juntarse para dialogar y trabajar en proyectos. África tiene ya más de 50 centros de este tipo, como iHub en Nairobi, Hive Colab en Uganda, Co-Creation Hub en Nigeria y Activspaces en Camerún. De los innovadores africanos han salido aplicaciones y plataformas móviles como Njorku (Camerún), iCowM-Farm y M-Pesa(Kenya) y Farmerline (Ghana). En Tanzania hay dos centros: TanzICT Innovation Space, producto de la colaboración entre los gobiernos de Tanzania y Finlandia, y KINU, financiado por Indigo Trust y Google.

Foto: Para la mayoría de los campesinos de este país, la radio es una 'carretera' allá donde éstas no existen: todos tienen acceso a un aparato.

Es aquí en el último donde se conocieron Benedict Tesha y John Kagaruki, quienes estaban manos a la obra en dos plataformas independientes para proporcionar información de precios a campesinos a través de teléfonos móviles. El teléfono es el segundo medio de mayor difusión, ya que alrededor del 60% de los tanzanos tienen un móvil. El porcentaje se reduce considerablemente para Internet: 12% de los tanzanos tiene acceso al mundo virtual (es el 67% en España), aunque obviamente el porcentaje es superior en zonas urbanas.

Benedict conocía el problema de Mariam y Onesmo de primera mano: él mismo estaba en las mismas con sus melones. “El intermediario es el que se lleva el mayor beneficio”, se lamenta. Decidió intentar crear un sistema por el que los campesinos interesados pudieran mandar un mensaje de texto a un servicio, que a su vez les mandaría precios de los cultivos seleccionados. “Estaba familiarizado con algunas plataformas online que ofrecían soluciones similares, pero como la mayoría de los agricultores tanzanos no tienen Internet tuvimos que pensar en una solución diferente”, explica Benedict. Para ello coordinó con el mercado de Kariakoo, el principal en Dar Es Salaam y donde se venden muchos productos provenientes de provincias, para recoger sus precios actualizados y ponerlos en un sistema de almacenamiento electrónico. Paralelamente, creó una aplicación de móvil que puede estar actualizada con esos precios, para mandarlos por mensaje de texto cuando el campesino los pida. “Es como ir a una página web” sin tener Internet, dice Benedict. Su plataforma, Sokoni Leo (El mercado hoy), se estrenó en diciembre de 2012. Benedict reconoce que le queda un largo camino de mejoras: sólo actualizan los precios semanalmente, no tienen un estándar de nombres para los más de 100 cultivos que monitorizan, la plataforma de mensajes de texto no está todavía muy pulida y no tienen una base de datos de campesinos a los que ayudan.

Foto: Una familia de Morogoro parte hacia la clínica Towero donde van a chequear el estado de salud y nutrición del bebé. En Tanzania, el 40% de la población vive en zonas con déficit de alimentos.

La idea de John Kagaruki, más veterana, también se basa en mensajes de texto. Hace más de cuatro años, se preguntó: “De acuerdo, ¿cuál es el problema? Que no hay información de precios de mercado. ¿Quién la está recaudando?”. El ministerio de información y comercio. Junto a sus dos compañeros de negocio estableció una colaboración con el ministerio para mejorar su sistema de colección de precios en los 256 mercados de Tanzania. También empezaron a registrar no sólo a campesinos sino también a comerciantes e intermediarios. A diferencia de la plataforma de Benedict, ésta opera como modelo de suscripción por pago (unos 70 céntimos de euro al mes para los campesinos y 1,15 euros mensuales para los comerciantes) y John asegura que ha sido un modelo efectivo.

Estas soluciones también dejan fuera, por supuesto, a la gente que no tiene cobertura de teléfono móvil, apunta Christopher Chiza, el ministro de agricultura, en su amplio despacho en Dar Es Salaam. No todo el mundo tiene acceso a la tecnología o sabe leer y escribir. Explica que a nivel gubernamental hay curiosidad por expandir programas de marketing electrónico y aplicaciones de móvil, porque sabe que son el futuro, “pero todavía hay muchas reservas entre los miembros del Parlamento”.

Foto: El KINU es un centro de innovación tecnológica, un espacio gratuito en el que desarrolladores, informáticos y apasionados de la tecnología pueden juntarse para dialogar y trabajar en proyectos. África tiene ya más de 50 centros de este tipo, como el iHub en Kenia; Hive Colab, en Uganda; Co-Creation Hub, en Nigeria y Activspaces, en Camerún.

Onesmo Sumari y su vecina Julie Japhet nunca han visto a nadie desarrollando una plataforma como las de Benedict o John pasar por su pueblo, pero dicen que la usarían con gusto. Onesmo asegura que no le importaría pagar una suscripción, y Julie se emociona pensando que ella y su marido pudieran encontrar más compradores para sus vegetales orgánicos y así expandir sus cultivos sin caer en la ruina. También les gustaría que los programas de radio pudieran ofrecer información más pertinente a sus propios cultivos y experiencia. Entre las fincas de los dos en Njoro, al lado de la casa de Julie, hay una barbería cuya fachada reza: “todo en este mundo está hecho de esperanza”.

Hasta que ésta se materialice de forma tecnológica, Mariam Ally, la campesina de Nambala, seguirá levantándose antes del alba, asistiendo a su mezquita, cargando bidones de agua para su familia y su terreno, intentando conseguir mejores precios para sus cultivos, luchando por una educación y un trabajo digno para sus hijos. Dice rezar a Alá todos los días por una vida un poco más fácil, pero sonríe cuando mira al pasado, porque le debe a sus vecinos bondad infinita los primeros meses de viudedad en que enfermó y apenas comía, y sonríe cuando mira al futuro: se casa, de nuevo. Sus ojos pícaros y su risa adolescente apuntan a que es por amor.

Almudena Toral viajó a Tanzania en Octubre de 2013 con el International Reporting Project (IRP).